No tengo dinero y hago lo que quiero: Escribir por amor

Escribir una descripción sobre mi en el perfil de Twitter ha resultado más complicado de lo que creí.

Hace un par de semanas acudí a una agencia para realizar una entrevista a una banda y la agente amablemente me presentó como “la periodista”. Si bien es cierto que escribir sobre música es una de las cosas que más me gusta hacer, no me siento completamente identificada con ese término porque esa no es mi formación académica; por otro lado estoy convencida de que muchas veces ésta nada tiene que ver con la vocación. En cualquiera de los casos no iba a interrumpir a la chica para contarle que no soy periodista, sino que soy una rara especie perteneciente al mundo de la comunicación gráfica perdida en el hábitat de las letras.

Comencé a escribir de manera independiente después de haber tenido un sueño revelador; simplemente escribir para quien quisiera leerlo, sin paga monetaria. Una de mis primeras experiencias fue redactando para una página de noticias de rock –que sobrevivió muy poco tiempo– en la que la “editora” me exigía entregar de 2 a 3 notas diarias para ser parte del equipo y sin darme crédito alguno. En mi primer –y única nota para esa web– me esforcé documentando, investigando y aprendiendo a deletrear “Grohl” para escribir sobre el accidente que Dave sufrió mientras los Foo Fighters ofrecían un set en Suecia; puse todo mi cariño y empeño pero alguien editó el texto al punto del destrozo. :(

Después empecé a escribir para otros medios independientes lo que podía, pues el trabajo de Godínez de 9 a 6 absorbía la mayor parte de mi tiempo –quisiera decir que eso ha cambiado, pero me limitaré a decir que no–. Una de las mejores experiencias fue estar en el área de fotógrafos de El Plaza Condesa, al lado de los que actualmente podrían ser considerados los rockstars de la fotografía de conciertos, quienes tenían la misma cara de aburrimiento que yo al estar sentada frente a la computadora de mi trabajo; supongo que ese concierto era su equivalente Godínez de mi labor de diseño.

Otra gran experiencia fue a la vez una muy aterradora: La temida primer entrevista. Sinceramente no me fue mal, pero cometí un error de principiante: decirle a los integrantes de la banda que era su fan y además ponerme muy nerviosa, como si necesitara comprobarlo. Y vaya que a mi me ponen nerviosa las barbas cerradas.

Entrevista Beta

Beta en El Pendulo de la Condesa

Por suerte todo fue bien y además pasé un buen rato con ellos, pues resultaron ser personas amenas. Al redactar la nota utilicé palabras como: “trascendentes”, “alucinantes”, y demás exageraciones –sinceras– que tiempo después, cuando por fin tomé clases de periodismo musical, aprendí a no utilizar. Cuando salió la entrevista cometí otro error: pedirle inocentemente a los de la banda que si querían compartieran la entrevista. ¡Claro! me dieron a entender que tenían otras cosas más importantes sucediendo en ese momento y que ya que pasara aquello, lo harían y cortesmente así lo hicieron.

Y eso trae a colación un tema crítico: ¿Quién diablos le da el poder a un nerd detrás de una computadora –o detrás de un bolígrafo para los muy vintage– de decidir si el trabajo de otra persona es valioso o no y además publicar su opinión como “la gran verdad”?. En alguna de las clases de periodismo me tocó reseñar a una banda que utilizaba uno de los argumentos más pobres en sus videos para lograr lo que denominé como “viewers fácil”: mostrar mujeres semidesnudas sin razón. Lo más importante es que su música no me gustó y para efectos de la tarea destrocé lo que a esa banda le había tomado “n” meses de esfuerzo concretar. Fui tan dura que incluso después de leer el texto en voz alta alguien comentó que lo que yo había escrito era una crítica y no una reseña. ¡Pero si una reseña es una crítica!, corrigió el maestro. Lo cierto es que la mayoría de las personas que escribimos sobre música, los managers, los ingenieros de audio, productores, etc, quisimos en algún momento en el tiempo ser músicos, pero por una otra razón nos desviamos del camino –en mi caso mis meñiques son muy cortos y hay acordes que no logro alcanzar al tocar la guitarra.–  Por suerte yo tengo claro que jueces en la vida sobran, y que la belleza está en el ojo del observador, o en este contexto en el oído del oyente.

Cuando tienes confianza en ti y en lo que quieres lograr las situaciones comienzan a llegar solas. Hubo una convocatoria para ser parte del equipo de colaboradores de una estación de radio; cuando llegué me sorprendió saber que la mayoria de trabajo en esa estación la hacen los voluntarios: productores, guionistas, redactores, locutores y a ninguno se le paga. Como pude concursé y resultó que me quedé en el equipo editorial de música, sin embargo el trabajo de Godínez no me permitía asistir a las juntas editoriales –que por cierto eran hasta el fin del mundo, o lo que es lo mismo: Santa Fe– y las ideas que mandé por correo fueron gentilmente ignoradas. Entonces llegó el momento en el que el jefe editorial decidió que “No podía sustentar a un gran equipo satelital” pues según sus palabras “gran parte del aprendizaje que ocurre en la estación se da de manera presencial”. Uno: internet no funciona de manera satelital sino que funciona a través de fibras ópticas, y dos, claro, debe ser muy difícil sustentar a un equipo al que no se le paga, considerando que la paga es la experiencia.

Recapitulando, han habido buenas y malas experiencias, pero también las ha habido pésimas, en donde han editado mis textos a tal punto de darles un sentido completamente diferente a lo que yo había escrito y además solicitando compromiso de mi parte pero al mismo tiempo ignorando mis correos electrónicos para luego simplemente decir: “Si hubieras sido constante nos hubieras acompañado al Corona Capital”. Tengo la sensación de que si no eres un personaje con cierto reconocimiento o con buenos conectes, entonces tienes que esperar sentado y trabajar al ritmo que la gente quiera, para recibir de vez en cuando un boleto o dos para un concierto al que nadie quiso ir. :(

Creo que la mayoría de los que soñamos con escribir sobre música NO lo hacemos por dinero, tal vez a algunos de nosotros nos gustaría tener un poco de reconocimiento, pero principalmente lo hacemos por amor a la música y porque sentimos que hay gente que hace cosas tan buenas que desearíamos que los demás escuchen y con suerte de enamoren de la misma manera en la que nos hemos enamorado los que hemos estado en la tocada, escuchando el disco una y otra vez, en la conferencia y finalmente frente al monitor.

Train In Vain in Italy

Train In Vain in Italy

¿Vale la pena seguir en esto siendo #DIY (Do it Yoursef)? Si, pues más que un compromiso con editores o sitios web es un compromiso con uno mismo y con la buena música, nada más. Aunque la exposición en los medios sea mucho menor, aunque no se logren entrevistas exclusivas o acreditaciones “alucinantes”, aunque los posts solo tengan 2 lectores, aunque nadie me pague por el tiempo que invierto en ello: SI. Así como dicen los Sexy Zebras: “No tengo dinero y hago lo que quiero”.

Utilizando palabras mucho más poéticas –escritas por Patti Smith–: “Entendí que lo que importa es el trabajo: la cadena de palabras impulsadas por Dios que se convierten en un poema, el entrelazado de color y grafito garabateados sobre el papel que magnifica Su movimiento. Lograr con el trabajo un balance perfecto entre fe y ejecución. De este estado mental nace una luz, cargada de vida”.

En mi perfil de Twitter simplemente escribí: “Otherworldly”, que en español significa: “de otro mundo”.